miércoles, 8 de febrero de 2017

Descripción de la clase del primero de febrero

Otro día, otra mañana helada en la universidad de La Sabana. En mi caso particular, este semestre solo madrugo los días miércoles y en realidad considero difícil soltar los cómodos brazos de Morfeo esas mañanas. Llego justo a tiempo para el inicio de clase. “Buenos días” dijo Cobos, mientras todos quedábamos en silencio.
 “Vamos a llamar lista y comenzaremos con la clase”. Uno por uno levantamos la mano al escuchar nuestro nombre, mientras otros llegaban y se acomodaban rápidamente, e incluso algunos mencionaban que la clase pasada se habían confundido de salón.
“Comenzaremos a leer las bitácoras”, continuó el profesor, en algunas caras del auditorio se hizo obvia la inconformidad. Algunos de mis compañeros se sentían incómodos con la idea de leer sus descripciones en público, pues no solo eran un recuento frio y banal de la clase, eran los sentimientos y emociones  vividas en las dos horas que habían permanecido sentados en el salón. Pero, estaban dejando de lado dos ítems fundamentales: primero, como comunicadores, audiovisuales o sociales, cada párrafo escrito por nosotros debe llevar la ilusión de ser leído por alguien (al fin y al cabo en eso se basa nuestro trabajo en lograr atrapar a alguien con nuestra comunicación) y segundo: esa era la finalidad del profesor cuando nos mandó escribir el texto, pues el aprendizaje es un proceso multi-sensorial en donde también deben estar involucradas las emociones del estudiante y del profesor, y ¿no es preguntando la forma más efectiva de saber algo?.
Después de leer la primera bitácora, de Sara, en la retroalimentación la mayoría de estudiantes notamos muchos aspectos pasados por alto en nuestros textos, habíamos obviado pequeños detalles importantes para la construcción de la clase anterior y sin ellos el ambiente hubiera cambiado por completo. Con este hilo conductor el profesor reveló el por qué realizábamos este proyecto “ustedes necesitan tener una cultura del registro”, se refería era la necesidad, no solo de un investigador social, de registrar y documentar, y así no entorpecer ni olvidar el conocimiento y los procesos, poder gestionar la información nos ayudará para adquirir todo tipo de saber. En la lectura de la segunda bitácora se encontraron algunos problemas en los datos plasmados  en el texto, lo que abrió paso a la metáfora de “la comunicación es como jugar al teléfono roto”, se pierden datos e información en el camino, y eso hace complicado educar, la educación es un proceso comunicativo, es brindar información para ser descodificada en el cerebro y envié un feedback, pero cuando los datos se pierden en el camino, cualquiera sea la razón, educar se vuelve un proceso casi imposible.
Mientras la clase se desarrollaba y para finalizar el tema de la lectura de las bitácoras, Cobos trajo a colación una de sus frases favoritas: “La lectura hace al hombre completo; la conversación, ágil,  y el escribir, preciso.” De Sir Francis Bacon. La mayoría de las cosas mostradas o dichas por el profesor en la clase, siempre tienen un trasfondo, algo importante se esconde entre líneas y yo supongo que su finalidad es brindarnos un tipo de educación, denominada por mí, “educación intertextual y analítica crítica”, quiere relacionar la mayor cantidad de disciplinas posibles para ver la importancia de nuestra profesión en diversos ángulos y ponerlo en práctica para la vida.
La clase avanzaba con un orden tan sutil que daba la impresión de ser una conversación en donde se estaba divagando y se terminaba en un tema completamente diferente, pero, a decir verdad, todo estaba interconectado. Muchos de nosotros no habíamos escrito nada en el correo, solo adjuntado los archivos, algunos incluso  no llenaron el espacio de “asunto”, el profesor continuo, “Bueno, busquen ¿qué es netiqueta?”, para ser honestos, no fue difícil saber cuál era su significado, ¡solo era necesario dividir en dos la palabra!, pero sus reglas realmente nos tomaron por sorpresa, cosas dadas por sentadas más de una vez, pequeños detalles pasados por alto en donde se perdía una sensación de orden que hace parte de un correcto y responsable uso de la internet, cosas tan simples como una firma en los correos, saludar, no ingresar a cuentas ajenas son normas de comportamiento y casi de sentido común.
Y un sorpresivo giro de los hechos cambio el ambiente de la clase a algo más dinámico y diferente, “todos deben abrir un blog” dijo Cobos, tomando por sorpresa a más de uno de nosotros… ¿un blog? Fue el pensamiento unánime del auditorio, la pereza, no solo de escribir, si no ahora de publicarlo comenzaba a adueñarse de nuestros cuerpos como un virus letal decidido a matarnos. Ahora, después analizarlo, nos convencimos de realizarlo, no solo cuando se dijo el carácter obligatorio de la publicación, cuando explico el valor profesional de cualquier tipo de publicación y los muchos frutos que puede traer a futuro, es ganar experiencia para una empresa o un medio pueda evidenciar que en algún momento de nuestra carrera decidimos lanzar nuestras ideas a las masas. El truco se encontraba en la exclusión de la palabra “que” en los textos a publicar, lo propuso como un reto, uno realmente complicado de cumplir, pues encontrar 1200 palabras para describir una clase de dos horas ya es bastante difícil como para comenzar con una “lista de palabras vetadas”, pero yo soy una mujer de riesgos y pocas veces en mi vida no he aceptado un buen reto.
Después hablamos de la importancia de twitter como medio de comunicación con el profesor y con el mundo, una plataforma para elevar tu voz, ideas, tus frustraciones y casi abrir tú alma, pero en no más de 140 caracteres. Por esta red social publicaremos abiertamente, los que así lo deseen, las entradas a nuestros blogs, lo cual también podrá traducirse como puntos extras al final de la clase o bonificaciones en la nota final, si se han hecho buenas publicaciones por supuesto.

Para el final de la clase el profesor nos llamó a todos a hacer un círculo para ejemplificar con un gesto y una palabra lo que habíamos aprendido en clase. 

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