Otro día, otra mañana helada en la universidad de La Sabana.
En mi caso particular, este semestre solo madrugo los días miércoles y en
realidad considero difícil soltar los cómodos brazos de Morfeo esas mañanas.
Llego justo a tiempo para el inicio de clase. “Buenos días” dijo Cobos,
mientras todos quedábamos en silencio.
“Vamos a llamar lista
y comenzaremos con la clase”. Uno por uno levantamos la mano al escuchar
nuestro nombre, mientras otros llegaban y se acomodaban rápidamente, e incluso
algunos mencionaban que la clase pasada se habían confundido de salón.
“Comenzaremos a leer las bitácoras”, continuó el profesor,
en algunas caras del auditorio se hizo obvia la inconformidad. Algunos de mis
compañeros se sentían incómodos con la idea de leer sus descripciones en
público, pues no solo eran un recuento frio y banal de la clase, eran los
sentimientos y emociones vividas en las
dos horas que habían permanecido sentados en el salón. Pero, estaban
dejando de lado dos ítems fundamentales: primero, como comunicadores,
audiovisuales o sociales, cada párrafo escrito por nosotros debe llevar la
ilusión de ser leído por alguien (al fin y al cabo en eso se basa nuestro
trabajo en lograr atrapar a alguien con nuestra comunicación) y segundo: esa
era la finalidad del profesor cuando nos mandó escribir el texto, pues el
aprendizaje es un proceso multi-sensorial en donde también deben estar
involucradas las emociones del estudiante y del profesor, y ¿no es preguntando
la forma más efectiva de saber algo?.
Después de leer la primera bitácora, de Sara, en la
retroalimentación la mayoría de estudiantes notamos muchos aspectos pasados por
alto en nuestros textos, habíamos obviado pequeños detalles importantes para la
construcción de la clase anterior y sin ellos el ambiente hubiera cambiado por
completo. Con este hilo conductor el profesor reveló el por qué realizábamos
este proyecto “ustedes necesitan tener una cultura del registro”, se refería
era la necesidad, no solo de un investigador social, de registrar y documentar,
y así no entorpecer ni olvidar el conocimiento y los procesos, poder gestionar
la información nos ayudará para adquirir todo tipo de saber. En la lectura de
la segunda bitácora se encontraron algunos problemas en los datos
plasmados en el texto, lo que abrió paso
a la metáfora de “la comunicación es como jugar al teléfono roto”, se pierden
datos e información en el camino, y eso hace complicado educar, la educación es
un proceso comunicativo, es brindar información para ser descodificada en el
cerebro y envié un feedback, pero cuando
los datos se pierden en el camino, cualquiera sea la razón, educar se vuelve un
proceso casi imposible.
Mientras la clase se desarrollaba y para finalizar el tema
de la lectura de las bitácoras, Cobos trajo a colación una de sus frases
favoritas: “La lectura hace al hombre completo; la conversación, ágil, y el escribir, preciso.” De Sir Francis
Bacon. La mayoría de las cosas mostradas o dichas por el profesor en la clase,
siempre tienen un trasfondo, algo importante se esconde entre líneas y yo
supongo que su finalidad es brindarnos un tipo de educación, denominada por mí,
“educación intertextual y analítica crítica”, quiere relacionar la mayor
cantidad de disciplinas posibles para ver la importancia de nuestra profesión en
diversos ángulos y ponerlo en práctica para la vida.
La clase avanzaba con un orden tan sutil que daba la
impresión de ser una conversación en donde se estaba divagando y se terminaba
en un tema completamente diferente, pero, a decir verdad, todo estaba
interconectado. Muchos de nosotros no habíamos escrito nada en el correo, solo
adjuntado los archivos, algunos incluso
no llenaron el espacio de “asunto”, el profesor continuo, “Bueno, busquen
¿qué es netiqueta?”, para ser honestos, no fue difícil saber cuál era su
significado, ¡solo era necesario dividir en dos la palabra!, pero sus reglas
realmente nos tomaron por sorpresa, cosas dadas por sentadas más de una vez,
pequeños detalles pasados por alto en donde se perdía una sensación de orden
que hace parte de un correcto y responsable uso de la internet, cosas tan
simples como una firma en los correos, saludar, no ingresar a cuentas ajenas
son normas de comportamiento y casi de sentido común.
Y un sorpresivo giro de los hechos cambio el ambiente de la
clase a algo más dinámico y diferente, “todos deben abrir un blog” dijo Cobos,
tomando por sorpresa a más de uno de nosotros… ¿un blog? Fue el pensamiento
unánime del auditorio, la pereza, no solo de escribir, si no ahora de
publicarlo comenzaba a adueñarse de nuestros cuerpos como un virus letal
decidido a matarnos. Ahora, después analizarlo, nos convencimos de realizarlo,
no solo cuando se dijo el carácter obligatorio de la publicación, cuando
explico el valor profesional de cualquier tipo de publicación y los muchos
frutos que puede traer a futuro, es ganar experiencia para una empresa o un
medio pueda evidenciar que en algún momento de nuestra carrera decidimos lanzar
nuestras ideas a las masas. El truco se encontraba en la exclusión de la
palabra “que” en los textos a publicar, lo propuso como un reto, uno realmente
complicado de cumplir, pues encontrar 1200 palabras para describir una clase de
dos horas ya es bastante difícil como para comenzar con una “lista de palabras
vetadas”, pero yo soy una mujer de riesgos y pocas veces en mi vida no he
aceptado un buen reto.
Después hablamos de la importancia de twitter como medio de
comunicación con el profesor y con el mundo, una plataforma para elevar tu voz,
ideas, tus frustraciones y casi abrir tú alma, pero en no más de 140
caracteres. Por esta red social publicaremos abiertamente, los que así lo
deseen, las entradas a nuestros blogs, lo cual también podrá traducirse como
puntos extras al final de la clase o bonificaciones en la nota final, si se han
hecho buenas publicaciones por supuesto.
Para el final de la clase el profesor nos llamó a todos a
hacer un círculo para ejemplificar con un gesto y una palabra lo que habíamos aprendido
en clase.
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