martes, 23 de mayo de 2017

Las oraciones a la muerte

La muerte es de los momentos más fríos y aterradores, pero es un momento necesario para continuar la vida.
La muerte no ha tocado a mi puerta, y cuando así lo hizo, una burbuja hermética me cubrió y me alejó de toda la escena. Así que Mi decisión fue ir a un cementerio. Y comprender como permanecen en el mundo terrenal el cuerpo de las personas que ya no están.

Aunque vivo en Chía mi elección fue dirigirme al cementerio de Cajicá, porque una de mis amigas del colegio conocía al hombre que cuida y arregla las tumbas, y el sería mi  “portero”.

La ubicación de la necrópolis es en la vía Cajicá-Tabio, en un pequeño predio rodeado por una muralla de unos tres metro de alto color beige, un gran puerta en reja blanca con una cruz negra de metal en la entrada, y por supuesto, siguiendo la tradición aterradora, suena un chirrido sepulcral cuando se abre el gran portón.

Mi primera sensación es un corrientaso que baja por toda mi espalda mientas entro al recinto de los muertos, una pequeña capilla se ubica en la mitad de un prado verde rodeado por pequeñas pilas de unas 10 bóvedas en donde yacen, cómo dormidos, los cadáveres de cientos de seres queridos.

-¿Señorita Alejandra?- grita alguien desde un rincón, en un pequeño mausoleo oscuro y ruego al cielo que no sea un fantasma.-Soy yo Custodio, el señor que cuida las tumbas… me dijeron que venga hoy pero venga tantito, acompáñeme que tengo que terminar de cerrar una bóveda.

Realmente sentía que me llevaban al extremo, días anteriores no podía imaginarme el entrar a un lugar así y hoy era cómplice de un entierro. Mientras don Custodio terminaba de sellar la bóveda, explicándome detalladamente cada parte del proceso, no pude evitar notar la tranquilidad del lugar, eran aproximadamente las dos de la tarde y le pregunté a mi simpático acompañante si todas las tumbas permanecían solitarias….”No, es que todavía no han llegado las personas, espere y va a ver, además, hoy es el día de las ánimas”

Las ánimas, en la cultura general, son las almas que permanecen por una u otra razón en el purgatorio y, si se le reza con la devoción y la oración correctas, ayudarán a las personas guiándolos por el camino correcto.

Los lunes son los días designados  para estas almas y muchas personas se dirigen a los cementerios a rezarles y a asistir a la misa que se les rinde en su honor.

Mi curiosidad crecía y creía mientras el señor custodio me mostraba las tumbas, las que estaban enterradas bajo los árboles que habían crecido con los años, o las que permanecían en sus viejos mausoleos, quería entender por qué habían tumbas diferentes a las demás, con luces o con pequeñas figuras de santos, moría, en un sentido figurado,  por saber la razón de que todas las flores fueran de plástico y el cómo reaccionaban las personas al rezarles e “interactuar” con las almas.

Mientras me mostraba las personas más reconocidas de cajicá, viejos alcaldes o pioneros en la construcción del municipio, el lugar comenzó a llerarse poco a poco, si se compara a como estaba.

-Es muy triste que ya no venga tanta gente, antes la fe era mucho más fuerte y todo el mundo sabía lo importante que era rezarle a las pobres almas del purgatorio- me informa mi compañero, con un todo de reproche en su voz- es que los jóvenes ya no creen en eso.

Me alejé un poco para explorar por mi cuenta, y me  topé con dos mujeres de edad madura, muy bien arregladas, oriundas del municipio que, paradas en frente de una tumba sin nombre, le rezaban a las almas:
Dios omnipotente, Padre de bondad y de misericordia, apiadaos de las benditas almas del Purgatorio y ayudad a mis queridos padres y antepasados.
A cada invocación se contesta: ¡Jesús mío, misericordia!
Ayudad a mis hermanos y parientes.
Ayudad a todos mis bienhechores espirituales y temporales.
Ayudad a los que han sido mis amigos y súbditos.
Ayudad a cuantos debo amor y oración.
Ayudad a cuantos he perjudicado y dañado.
Ayudad a los que han faltado contra mí.
Ayudad a aquellos a quienes profesáis predilección.
Ayudad a los que están más próximos a la unión con Vos.
Ayudad a los que os desean más ardientemente.
Ayudad a los que sufren más.
Ayudad a los que están más lejos de su liberación.
Ayudad a los que menos auxilio reciben.
Ayudad a los que más méritos tienen por la Iglesia.
Ayudad a los que fueron ricos aquí, y allí son los más pobres.
Ayudad a los poderosos, que ahora son como viles siervos.
Ayudad a los ciegos que ahora reconocen su ceguera.
Ayudad a los vanidosos que malgastaron su tiempo.
Ayudad a los pobres que no buscaron las riquezas divinas.
Ayudad a los tibios que muy poca oración han hecho.
Ayudad a los perezosos que han descuidado tantas obras buenas.
Ayudad a los de poca fe que descuidaron los santos Sacramentos.
Ayudad a los reincidentes que sólo por un milagro de la gracia se han salvado.
Ayudad a los padres que no vigilaron bien a sus hijos.
Ayudad a los superiores poco atentos a la salvación de sus súbditos.
Ayudad a los pobres hombres, que casi sólo se preocuparon del dinero y del placer.
Ayudad a los de espíritu mundano que no aprovecharon sus riquezas o talentos para el cielo.
Ayudad a los necios, que vieron morir a tantos no acordándose de su propia muerte.
Ayudad a los que no dispusieron a tiempo de su casa, estando completamente desprevenidos para el viaje más importante.
Ayudad a los que juzgaréis tanto más severamente, cuánto más les fue confiado.
Ayudad a los pontífices, reyes y príncipes.
Ayudad a los obispos y sus consejeros. Ayudad a mis maestros y pastores de almas.
Ayudad a los finados sacerdotes de esta diócesis.
Ayudad a los sacerdotes y religiosos de la Iglesia católica.
Ayudad a los defensores de la santa fe.
Ayudad a los caídos en los campos de batalla.
Ayudad a los sepultados en los mares.
Ayudad a los muertos repentinamente.
Ayudad a los fallecidos sin recibir los santos sacramentos.
Dadles, Señor, a todas las almas el descanso eterno.
Y brillen para ellas la luz perpetua
Que en paz descansen. Amén.


Repetían una y otra vez esta retahíla, como  si fuera una canción que no podían sacarse de la cabeza, con cuidado me acerqué y después de un “Amen” que pude entender las interrumpí.

María Teresa de Gómez y Clara Inés Mora van todos los lunes a rezarles  a las almas, cuentan con ellas como sus ayudantes divinas para que sus hijos y nietos puedan seguir el camino del bien. Y como ellas muchos colombianos realizan estos rituales, que se han pasado generación por generación y esperan que seres del más allá les cumplan sus favores.


El sol iniciaba a ponerse, llegaron unas 20 personas más y don custodio me dijo que si deseaba entrar a la misa, como deseaba una experiencia completa decidí hacerlo, e incluso leí la liturgia de ese día y noté lo importantes que son estas tradiciones para las personas que en serio las creen, mujeres y hombres de todas las edades, estratos y tamaños se dejan guiar por estas acciones que demarcan su vida. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario