El trabajo para el día de hoy era un reto. ¿Qué tanta
simpatía siente una persona al hablar contigo? ¿Qué tan íntima, interesante o
fluida es tu comunicación? En mi caso, la conversación es un deleite diario,
nada puede compararse con una buena charla, con la sensación que brinda una plática
amena, incluso, un debate se vuelve un placer, mientras fluya con naturalidad,
pero, ¿puede esa naturalidad también "fabricarse"?
La
respuesta, aunque no absoluta, a esta pregunta es si, el rapport sirve para
eso. Esta modalidad, que por lo general es más fácil de establecer en un
ambiente de confianza, propone una sintonía entre las personas que hacen parte
del acto comunicativa, es una técnica desarrollada por estudiosos del PNL
(Programación neuro-lingüística) y su finalidad es, por medio de la
comunicación no verbal, lograr una
sinergia con la persona con la que estés interactuando. Tiene como
objetivo crear un ambiente agradable, de confianza
y cooperación mutua, ayudando a quitar de en medio los posibles
juicios, distorsiones y malos entendidos, logrando así una escucha
activa por parte de ambas partes.
Mi personalidad siempre ha sido
bastante fuerte y cortante, sí para mí, no fluye una conversación simplemente me
retiro y, aunque esto no me sucede a menudo, no lucho por continuarla. El
trabajo de esta semana era encontrar a alguien con quien practicar el rapport,
así que pensé: “por qué me sentaría a hablar con alguien con quien ya converso
cómodamente, sí el reto es verificar esta técnica”. Así, que solo por la
ciencia, decidí establecer una cita en un café con una amiga con la que me había
peleado hace tiempo y la conversación había dejado de funcionar.
Llegué unos minutos antes de lo
planeado, me sudaban las manos y en realidad no estaba segura de cómo se podría
hacer que el rapport funcionara, había visto videos, fotos, leído páginas, pero
no sentía que fuera lo suficiente y menos en una situación tan delicada para mí.
-Hola Ale- escuché a lo lejos- hace
mucho no te veía
Me calmé, conté hasta diez y decidí
ser lo más disimulada posible. Al iniciar la conversación no imité sus movimientos
de inmediato, esperé, la analicé para recordar como era su comportamiento y sus
ademanes y así poder anticipar sus y seguir sus comportamientos.
La conversación inició tensa e incómoda,
las preguntas típicas y las respuestas esperadas
-¿cómo estás?
-Bien, ¿y tú?
Al ver que la situación no comenzaba
a mejorar decidí iniciar mi plan maestro.
Comencé a realizar las preguntas más
y más difíciles, intentando rescatar le confianza de hace años que se había
perdido, y, mientras respondía, al inicio desinteresadamente, se tocaba el
cabello, cruzaba la pierna o jugaba con la tasa del café. Desde ese momento
decidí imitarla y sus respuestas fueron más y más profundas la conexión se hizo
más obvia mientras respondía o me preguntaba. Como a la mitad del dialogó,
perdí la noción del tiempo, me perdí en nuestra relación que se reconectaba después
de tantos años. Cuando volví a la realidad noté que sin darnos cuenta nos imitábamos mutua
mente… el rapport no solo había
funcionado en el inició se había mantenido y nos permitió volver a lo que éramos.
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